Pijamas



Siempre fuiste friolera, de esas personas que necesitan taparse hasta la garganta para dormir. Al principio fue solo una camiseta, pero pronto te diste cuenta de que necesitabas tu propio pijama para dormir en mi cama. En las primeras navidades tu hermana te regaló dos, pero uno de ellos tenía un conejo de pelitos en la parte de arriba: tenía que ser ese. 

Era suaaave, divertido y muy amoroso. Desde entonces sería conocido como " er conehito", y nos acompañaría durante muchas noches. Er conehito se fue quedando un poco viejo, pero me negué a tirarlo, así soy yo, conservo las cosas que están impregnadas de amor. Unos años después llegó "er mostruito", tu segundo pijama. Por supuesto, tiene que venir acompañado de camiseta interior, pantalón y unos calcetines bien gorditos para que Ponyo no pase frío.

Siento que al abrazarte con esos pijamas es casa. Más casa que nunca. Es mi definición de felicidad: olerte, sentirte, quererte.

Ahora paso todas las noches abrazado a él porque aún conserva tu olor. Y seguirá acompañándome todas las noches que me queden, incluso aunque esa parte de ti se haya marchado para dejar paso a mi olor y mis lágrimas.

Comentarios

Entradas populares