¡Molletes!
El manjar de los dioses, elaborado por ángeles de Espera, el pueblito de los awelos de Ponyo.
Como suele ser habitual, este descubrimiento fue por casualidad. En casa de Ponyo, su padre tiene familia en Espera y de allí traía estos molletes, ricos como ellos solos. Desde que me los diste a probar no pude dejar de pedirlos todas las semanas.
Ahora desde la distancia reconozco que aunque son una delicia (especialmente con queso y pavo, mmm...), una parte importante de mi amor por ellos es que los molletes eras tú. Tú me los trajiste, me enseñaste cómo hacer un buen bocadillo como los que te hacía tu padre, y cada mañana yo te llevaba tu medio mollete y una fruta. Lo hacía desde el amor, que es desde el lugar del que hay que hacer las cosas. Cada vez que me preparaba uno, pensaba en ti, y pensándolo en voz alta dentro de mi cabeza, te daba las gracias.
¿Se podría decir que soy molletoxicómano? Se podría... Pero si no los has probado, no puedes entender de lo que hablo. Hay algo que nos dejamos por hacer: una visita a Espera. Tenía ganas, pero ya me conoces, soy muuuy remolón, y a veces tienes que tirar de mí. De todos modos, me quedé ESPERAndo a que me invitaras a visitar Espera y comernos juntos un par de buenos molletes.
¡Y no siempre hay en la Manoli! Cada vez que capturaba un par de bolsas, te mandaba una foto con orgullo, eso me hacía muy feliz.



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